Simas de la Muela de la Madera (14-11-2015 y 06-12-2015)

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Manoli Rodríguez


Durante este último mes, nos hemos dedicado a visitar algunas simas de la Muela de la Madera. Nos apetecía cambiar de zona y aunque está algo lejos para hacerlo en un día, merece la pena porque esa parte es muy bonita.
El 14 de noviembre, Pepe propuso bajar a la SC-16 y nos apuntamos Alicia, Diego, Eparco, Álvaro y yo (Manoli).
Finalmente, “el Jefe” se cayó del plan porque le surgió un tema al que tenía que “meter leña” para terminarlo.
Como siempre, lo pasamos muy bien. Álvaro se encargó de instalar hasta el Paso de Todo y a partir de ahí, Diego tomó el relevo.


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Los más decididos, Alicia y Diego, llegaron hasta los entresijos de la sima, pasando más allá del Arco y adentrándose en las zonas gaterosas de las Eses de Bugatti y de los Fideos.
Unos días después pensamos ir a El Bancal de la Nevera y para que no se quedase corto el plan, Pepe nos sugirió como “actividad de ampliación”, buscar la sima de El Tío Seis Dedos.
Así es que, el domingo 6 de diciembre montamos dos grupos para desplazarnos a la Muela de la Madera. Diego, Iván y Eparco irían primero a El Bancal y la dejarían instalada y, Pepe, Alicia, Jesús, Álvaro y yo nos dedicaríamos a buscar al “Tío” y luego, haríamos El Bancal y nos encargaríamos de desinstalarla.
Quedamos en el refugio de La Alconera, sin h..., (esto de la h es una de las “cienes” de anécdotas que tenemos), y cada grupo se fue a realizar su actividad. Antonio, el padre de Diego, decidió acompañarles y aprovechar el buen día para darse una vuelta.


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Empezamos a buscar al Tío Seis Dedos, pero se había escondido muy bien, no tan bien como Tutamkamón, al que tardaron siglos en encontrarle, pero también se hizo de rogar. Las únicas coordenadas que conseguimos no eran correctas, con lo cual, cuando llegamos al lugar indicado no había ni rastro de la sima... El Tío se había pirado...
Por aquí, por allá... ¿dónde estará la famosa dolina que esconde los seis dedos? Finalmente la encontró Pepe. Los datos que aparecen publicados tienen un error de más de un km.
Alicia decidió colgarse de la cuerda y bajar a echar un vistazo para comprobar en qué estado estaba la instalación. La maleza cubre parte de la boca (echamos de menos el machete), lo que demuestra  que no ha bajado nadie en mucho tiempo. Tomamos las coordenadas y ¡a otra cosa!
Bueno, pues por fin podemos irnos a El Bancal. Cuando llegamos oímos a los compañeros del otro grupo que ya estaban subiendo. Esperamos a que salieran y comentamos la jornada.


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Finalmente empezamos a descender hacia las profundidades y en poco tiempo estábamos todos abajo.


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Ahora nos tocaba bajar la empinada rampa e ir sorteando los troncos que ha ido arrastrando el agua y olvidándolos a lo largo de la misma. La tierra es de color negro, así es que, al final acabas como una maceta.
Llegamos a la famosa trepada de 20m. Pepe nos comentaba que al final de la misma estaba la parte más bonita de la cavidad, la de los lagos. Mientras subíamos, Álvaro y yo perdimos de vista al grupo porque paramos a hacer una foto. Seguimos subiendo y subiendo, hasta que nos dimos cuenta que ya no podíamos continuar, ¡casi nos salimos de la cueva! Les llamamos y oímos a Jesús más abajo, ¡hala, a destrepar!
Llegamos al pequeño meandro y… ¿dónde están los lagos? No había lagos, se habían reducido a charcos. A pesar de todo, hubo cachondeo haciendo oposiciones y Pepe y Alicia nos dedicaron unas cuantas poses, pierna aquí, pierna allá, mira como subo... Sacamos las chuches y montamos la tertulia. Esos ratitos son los mejores momentos, en los que solo nuestras risas rompen el silencio de la cueva.


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Decidimos volver del lado oscuro y regresar a la superficie.
Subió primero Alicia, seguida de Jesús y de Álvaro. Yo me quedé la última con Pepe, que se encargó de desinstalar.


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Mientras subíamos oímos la voz de Jesús desde las alturas, que nos dice que se le ha roto el pedal (ese pedal viejo y cochambroso que su querida esposa Ali, le había dejado...). Alicia pensó tirarle su pedal por la cuerda (que curiosamente era el de Jesús), pero el desviador lo impedía. Entonces, Jesús nos comenta que va a subir a pulso hasta el desviador, que estaba a un par de metros, ¡vamos, tipo Conan el Bárbaro! Acto seguido, la sima rugió al unísono con un ¡noooooo! rotundo, ¡no te fatigues a lo tonto! Álvaro llevaba uno de repuesto y decidió subir por la misma cuerda para dárselo. No es lo más aconsejable, pero en este caso lo importante era echar una mano a un compañero.
Salimos todos sin problema y una vez arriba tocaba tomarle el pelo a Ali por lo del pedal: ¡Qué mala idea! ¿Cómo se te ocurre?  Jesús, yo que tú me lo pensaba... Bueno, lo normal en estos casos en los que hay buen ambiente.
Emprendimos el regreso hacia los coches y nos encontramos con el otro grupo que subía a buscarnos. Nos comentaron que se habían acercado a la de “el Tío Seis Dedos” y que Diego, ¡cómo no!, había bajado el primer pozo.


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Nos cambiamos y recogimos “el mercadillo de los trastos”. Decidimos acercarnos al refugio para hacer una merienda- cena y sobre todo, lo que más nos gusta... comentar todos los detalles de la jornada. Dentro del refugio estaban Carlos y Ana, una pareja que conocimos por la mañana. Tenían el fuego encendido y se estaba de maravilla. Sobre la pequeña mesa empezaron a aparecer toda suerte de manjares y viandas, no faltaba de nada: lomo, cecina, jamoncito del bueno... y Diego sacó una tortilla y unos chorizos caseros que había hecho su querida madre. ¡Ummm! ¡Qué rico estaba todo! Para finalizar el festín no podía faltar mi postre, esta vez les sorprendí con un roscón de Reyes  relleno de nata y de trufa.


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Repletos y satisfechos nos despedimos de Iván, Diego y Antonio. El resto decidimos acabar la jornada en un bar de Uña y después nos fuimos cada uno hacia nuestro destino.
Como siempre, las aventuras estuvieron a la altura de las circunstancias y el día nos regaló a todos una sonrisa en los labios.
¡Cómo disfrutamos los que decidimos bajar a la oscuridad de las entrañas de la Tierra!

Agradecimientos:
Queremos dar las gracias a los padres de Diego por los detalles que tuvieron con nosotros. A Antonio por las fotos que nos hizo y a la madre porque nos deleitó con su tortilla y sus choricitos caseros.





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