Suma de la Higuera (2 de mayo del 2015)




Guillermo Reguilón


Este plan ha estado bastante tiempo cocinándose, y al final, tras muchos correos, gente que se cae, otros que se apuntan, y finalmente se caen del plan… conseguimos ir para Murcia Ivan, Eparco, Julio, Noelia, Alicia, Jesús, Antonio, Fernando y yo.
La idea era ver el sábado la Higuera, y el domingo Orón. Así que el viernes llegamos a casa de Iván con tiempo suficiente para cenar y una breve sobremesa y pronto a la cama, para madrugar el sábado.
Tras recoger las llaves de la sima en un bar del pueblo (¿suena raro verdad?) nos fuimos para la sima (cinco minutos en coche, equiparnos y un paseo de quince minutos) 






... y si te portas bien te dejamos salir



Sin pararnos Iván se puso a equipar, y le seguí echándole un cable con el material. A continuación el resto intercalando a Antonio y Fernando entre gente con más experiencia.




Iván currandose la bajada


una parada antes del ultimo pozo



La sima no tiene precisamente atractivo, así que la bajamos sin pena ni gloria, tan sólo disfrutando de una magnífica instalación de Iván y hablando del calor que se siente dentro de la sima.
Al llegar a la base de los pozos la cosa cambia completamente ya que esta sala ya está totalmente cubierta de formaciones. Dejamos los arneses y nos volvimos locos a hacer fotos.


fotografiando el “lince”



Cuando ya nos habíamos hartado de fotos, bebimos algo, y pasamos el pequeño charco y la primera estrechez de la cueva, que nos dio paso a la Sala de los Terremotos.


primera estrechez



Llegamos a la segunda estrechez, y Antonio que iba en cabeza no lo vio muy claro, y me cedió el paso. Entré con los pies por delante tanteando, y aunque por un momento pensé en dejarme caer, esperando que al otro lado la caída fuese pequeña, menos mal que no lo hice. Al tantear un poco mas con los pies encontré apoyos en la pared contraria, a la salida de la gatera, y puede salir con cierta dignidad. En ese momento pude ver como estaba en la parte alta de una grieta de dos metros de profundidad (de haberme dejado caer al salir de la gatera me habría hecho mucho daño).
Tras el susto nos fuimos echando una mano unos a otros para salir de la gatera sin dejarnos los piños en la grieta y seguimos destrepando hasta llegar a una pequeña gatera que nos dio acceso al lago.


Y así nace un espeleólogo


Alicia en la diaclasa tras la gatera



En el lago hicimos otro descanso para “disfrutar de las vistas” y alguna foto. Hubo quienes se quitaron los monos para seguir con bañador y camiseta (la sima realmente es un cocedero). Tuvimos nuestras dudas sobre por dónde se cruza el lago, ya que se ven dos accesos separados, y ninguno de los dos nos convencía.


buscando el paso en el lago



Decidimos probar por los dos lados, y al final, los que entramos por el lado derecho nos pasamos a través de una ventana al lado por donde pasaba el resto (eso o un chapuzón muy simpático).
A cambio, Antonio, que pasó por el lado izquierdo, tuvo un “pequeño” enganchón en el bañador, y acabó con un siete que parecía Manolete después de encontrarse con Islero.
Seguimos avanzando, bueno realmente nos parábamos a cada paso para ver formaciones. Aún así, Fernando, que venía de los últimos nos comentó que le parecía que íbamos a toda leche (ir el ultimo implica comerse todos los acelerones y parones del resto).
En nada llegamos a la Sala Paraíso y ahí si que nos volvimos locos a hacer fotos, y a sacar parecidos a las formaciones (los pies de elefante, las pelotillas de toro, la sala de los mojoncillos… todo muy de la tierra)


Eparco ejerciendo de profe





Con pena, ya que la sala pide quedarse ahí a vivir, empezamos la marcha hacia la salida.










unas cuantas formaciones




y uno que se ha colado




Y poco a poco, ya que nos íbamos parando casi en cualquier sitio a ver formaciones, en un rato llegamos a la base de la sima.


lidiando con la gatera



Un trago de agua y a subir.






En poco más de 45 minutos estábamos todos arriba viendo como nuestras chicas se curraban la desinstalación.




En poco más todos en los coches, y para reponer fuerzas una soberbia barbacoa cocinada por Fernando.
El domingo teníamos previsto hacer Orón, pero viendo que se nos iban a ir de madre los tiempos optamos por reconvertirlo en una mañana playera en Alicante, cervecita y vuelta para casa.

Guillermo Reguilón






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