Travesía Buena - Bortal (24-02-2014)



Guillermo Reguilón Vázquez

En paralelo al plan que ha capitaneado Pepe a Tibia-Fresca, nos juntamos Alicia, Dani Azahara y yo para recorrer la Buena-Bortal en Vizcaya (entre el Cueto del veranos pasado, y el Acebo de este, empezamos a  ser el equipo de grandes fregaos del club).
Tan solo yo la había visitado antes, y no guardaba precisamente un buen recuerdo (ver Visita a Buena-Bortal (04-08-2012)) ya que casi me tuvieron que sacar con hipotermia después de quince horas de travesía y más de 25 horas despiertos. Así que tenía buenos motivos para ir a “sacarme la espinita”.
Bueno, al turrón.
Después de haber dormido como campeones en el Albergue de Ramales (como siempre muchas gracias a Rocío) nos levantamos a las 8, y entre desayunos, preparar equipo, pitos y flautas no cogimos el coche hasta las 10:30. A las 11:30 estábamos dejando el primer coche en el parking de la salida (junto a la cantera).


Listos para salir


Tras dejar mi coche lo que nos permitió avanzar la pista de hormigón, nos equipamos y empezamos el pateo de aproximación mientras una burrada de buitres nos sobrevolaba (huuuy que se masca la tragedia).



Salvo por este mal agüero, era el primer fin de semana de buen tiempo del año, y nos acompañó un sol radiante durante la subida.



A eso de la una estábamos en la entrada de la sima equipados, salvo Alicia que tuvo que parar a ajustarse los calcetines de lunares que nos llevaba y que dieron para bastante cachondeo.



Decidimos que entrase en cabeza, ya que conocía la travesía, pero tras no encontrar la continuación en el primer cruce de galerías Dani se puso en cabeza, para cachondeo generalizado (cómo están las cabezas)
Enseguida atravesamos la zona de mina, para llegar al caos de bloque por el que fuimos destrepando. Aquí tuvimos otro motivo de risas ya que Alicia nos avisó de un macarrón increíble, que resultó ser una cuerda ascendente (y de nuevo unas risas). Así, entre risas,  llegamos al primer P17.
Mientas instalábamos el pozo, Dani se aventuró a buscar el paso entre bloques que deja en un R3 que evita este pozo, pero al no verlo claro se dio la vuelta y bajó por el mismo sitio que el resto.



En la base de este pozo pudimos coger algo de agua y beber, ya que veníamos secos desde los coches. Un par de fotos mientras ensacamos y en marcha.





Seguimos avanzando por galerías hasta llegar al R10,



en cuya base pudimos admirar los lagos, esta vez llenos de agua.



Aquí encontramos una zona de barro, que nos obligó a hacer un poco la croqueta para superar un resalte, e  hizo que todos catásemos el suelo con los resbalones.


Al fondo podéis ver la exclusiva de Azahara catando el suelo de barro


Enseguida estábamos en el P14, donde para nuestra sorpresa, el desviador del P4 estaba montado pero alguien había “socializado” el mosquetón. A Dani le tocó improvisar al bajar el último, pero separando las piernas de la pared se consigue evitar el roce.
Pasamos el pequeño pasamanos en fijo, y tras este encontramos el Vivac.


Pasamanos en fijo



El vivac


Aquí nos tocaba la parada gastronómica, y nos gestionamos unos sándwiches muy respetables.
Unas fotos, y a montar el paso de la Bocina.
Le cedimos a Dani el honor de ir equipando, las chicas en medio, y yo al final desequipando. Dani puso la cuerda de 70 en el primer pozo, para usar la de 50 el primer tramo del P59, reunirnos todos en este pasamanos, y usar de nuevo la de 70 en el último tramo.


Cabecera del paso de la bocina



Tuvimos que hacer algo la croqueta para entrar por la bocina (no la recordaba tan estrecha), pero pasamos sin más problemas. Bueno, a todos nos sorprendió un poco el estruendo que generaba la cascada que hay aguas arriba de la base del P59 (apenas nos oíamos entre un fraccionamiento y el siguiente)


Alicia en el pasamanos intermedio


La única pega fue que mientras recogíamos la cuerda del primer tramo del P59 a Alicia se le cayeron los guantes, y quedaron unos metros por debajo en un saliente. Como teníamos la cuerda sin ensacar, y no había nada que hacer salvo esperar a que bajasen los de delante, montamos la cuerda y pude bajar a recogerlos, con el tiempo justo para volver a subir y recoger todo.
Mientras Dani tuvo más que palabras con el nudo de final de cuerda, que se empotró en uno de los recovecos de este pozo y no le dejaba llegar al suelo. Tras un poco de péndulos y peleas con la roca pudo liberarlo y llegar al suelo.


Bajada del último tramo del P59


Tras él bajamos los demás, y en cuanto llegué al suelo nos pusimos a recuperar cuerdas. Pudimos recuperar sin problemas, y primer gran marrón superado (recordar que aquí Quique y Pepe tuvieron un mal rato con cordinos que se enredaban). Cogimos de nuevo agua, y avanzamos hasta el P11.


Meandro en la base del P59





Pasamanos de acceso a la cabecera del P11


No os preocupéis que me acuerdo perfectamente, nos quedan unos quince minutos. No había terminado la frase, cuando Dani estaba enganchándose a la cabecera de este P11. “¡Cómo estamos de memoria!”.
Nos reunimos en su base, y “no os preocupéis que de esto si que me acuerdo”. Evidentemente, a los diez minutos de avanzar entre bloques llegamos a un balcón a más de diez metros sobre el suelo. “pues no era por aquí”.
Vuelta para atrás, y con Dani en cabeza encontramos la cuerda de metro y medio que nos dejaba en el agua en laCofradía de Mareantes.
Aquí nos cambiamos haciendo malabares en una pequeña sala antes del agua (ahora reconozco que es más sencillo cambiarse unos metros antes, que la zona es más amplia). Aproveché para carburar, y al encender de nuevo, veo que esto no tira. Tras varios intentos decidí desmontar la boquilla, con tanta eficacia, que la junta acabó en el fondo del agua. Intenté una pequeña "ñapa". Pero duró apenas dos minutos, momento en que empezó a arder el propio tubo que conduce el gas.
Bueno, a partir de aquí solo con LED.
Torpezas aparte, avanzamos rápidamente por el río, mientras comentábamos lo mucho que entorpece el movimiento el maldito neopreno. En varias ocasiones tropezamos, o incluso nos caímos de espaldas por culpa de esta restricción de movimientos.











Esta Cofradía de mareantes se merece un buen reportaje
Por lo demás nos movíamos con rapidez, y disfrutando de la travesía, que en esta zona es preciosa.
Superamos sin problemas todos los resaltes, salvo uno de ellos, donde por error monté el descendedor de la cuerda de recuperar, y no de la de bajada. Lo único que detuvo mi caída fue la línea de vida larga que estaba puesta en la cabecera (por eso es tan importante no retirarla hasta asegurarnos de que el descendedor efectivamente nos frena, y nunca antes)
Tras el merecido capón que me dio Dani superamos el resto de resaltes y la cortina de agua.
En lo que nos pareció poco tiempo estábamos en el pasamanos de acceso a la sala Bortal.
Avancé siguiendo a Dani hasta asegurarme al pasamanos, con el agua por la cintura, y detrás de mí, pude ver como Azahara desaparecía hasta quedar con el agua en las narices. ¡Se había metido en el único agujero en el cauce del río! Aquí repetimos estrategia, Dani equipando, las chicas en medio, y yo desequipando,  de forma que cada vez que retiro una cuerda, Azahara se la hace llegar a Dani, que monta el siguiente pozo (salvo en el primer tramo, donde usamos la cuerda de 50 para recuperar).






Pasamanos de acceso al P90 del Bortal


Aquí Azahara tuvo un pequeño problema, ya que se pasó la primera repisa, y tuvo que remontar a puño y crol (siempre hay que atar la cuerda de bajada a la siguiente cabecera, y recoger el sobrante, y se evitan estas cosas). Mientas, Alicia y yo, que con el ruido de la cascada no entendíamos nada nos tensamos un poco al ver que tardaba demasiado en bajar.
Justo cuando estaba a punto de empezar a inventar oímos un “libre” y Alicia empezó el descenso.
El resto de tramos fueron de repisa en repisa y muy coordinados. Así a Dani le llegaba una cuerda casi en cuanto llegaba a la siguiente repisa, y en menos de una hora habíamos bajado los cuatro y estábamos en la base de la sala, con todo recogido.


Repisa a -60m




Bajada del P90 de la Sala Bortal


De nuevo Dani se puso en cabeza, y nos pusimos en marcha siguiendo las tuberías de la mina, hasta alcanzar las rampas.


¡Con lo limpios que veníamos del agua, y nos tienen que poner barro!


Con algo de penuria, por subir con los neoprenos puestos, trepamos estas rampas y cuerdas en fijo hasta llegar a la galería de mina de salida, donde una fuerte corriente de aire nos acompañó hasta la calle.


La segunda cuerda en fijo


En total 9 horas. Le habíamos bajado casi seis horas a la anterior repetición, y dos a la visita de Pepe (un equipo de solo dos personas). Foto de la victoria en la boca, y pasito hasta el coche.


¡Victoria!


Nos fue inevitable entrar en la cantera y recorrer los últimos metros por los caminos de esta hasta salir a la carretera. Una vez mas tocó cachondeo, esta vez con los "enormes y peligrosos perros de la cantera", que esta vez resultaron ser un pobre cachorrillo asustadizo (aunque sigo diciendo que los de la otra vez eran enormes y muy chungos).

Guillermo Reguilón Vázquez




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