Torca del Carlista - Ranero (14-11-2009)




TORCA DEL CARLISTA

Un año más nos planteamos repetir la mítica Torca del Carlista. Como siempre intentamos que pudiera ir todo el que le apetecíera, pero como suele pasar, no es posible cuadrar una fecha para todos, así que hubo que decidirse y finalmente quedamos para el 14 de noviembre.


Fernando y Bárbara saldrían directamente de Madrid y Azahara, Alicia, Dani y Pepe saldrían de Azuqueca. Nos juntamos en la Cabrera e hicimos un pequeño cambio de bultos de la Bala al coche de Fernando. La Bala había venido que no cabíamos materialmente. Llevabamos las dos cuerdas de 100 las dos de 64, toda la logística de las varias chuletadas que teníamos previstas y del campamento base, es decir un montón. Queríamos haber llegado de día pero como siempre cruzamos Cantabria de noche y los que no habían estado nunca se quedaron sin verlo hasta la vuelta.

Fuimos directos a Ranero, un pueblecito precioso en el Valle de Carranza y nos alojamos en el sitio acostumbrado, es decir el atrio de la iglesia. Esa noche cenamos bonito encebollado a la plancha que también se está convirtiendo en un clásico.
Se pasó toda la noche lloviendo y temíamos que lloviese durante la aproximación, pero no fue así. Amaneció un día expléndido y después de desayunar comenzamos a vestirnos de romanos en el mismo atrio de la iglesia.














Comenzamos la aproximación cargando tambien la Hilti de baterías de Fernando, un par de parbolts de acero inoxidable y una cadena, también inoxidable, nueva para el salto de la bóveda de la sala. La que había estaba tan oxidada que daba cosa tirarse desde allí.

Subimos despacio hasta el parking comentando lo de la torta que se dieron Jorge y dani el año anterior en una de las curvas. Aquel día se le fastidió a Jorge la expedición y a Dani el coche. Voy a poner la foto de la tragedia porque es espectacular. El que está de espaldas en primer plano es Dani y como veis tiene aspecto de catástrofe.






Pero bueno, esta vez no nos pasó nada y en veinte minutos de subida por una senda que bordea una vieja cantera convertida en anfiteatro nos plantamos en el collado de las Peñas de Ranero en el que hay una estupenda vista de Laredo y la bahía de Santoña. Allí paramos unos minutos a descansar y a deleitarnos con el espectáculo natural.









Desde allí subimos el pequeño repechito que te separa del Pico del Carlista y en un momento encontramos la boca de la Torca del Carlista. Desembarcamos con la Hilti las sacas y demás. Al ponerse Dani a equiparla nos dimos cuenta de que tenía unos químicos espléndidos puestos.





Recordamos que en el bar del pueblo nos comentó el dueño que no llega a un año que habían bajado a Jon Arana a sus 81 años como conmemoración de los 50 años del las exploraciones de la torca y de que pusiera el pie en el suelo de la sala con escalas. ¡Toda una proeza de los años cincuenta! Jon Arana, nos comento el del bar de Ranero, había fallecido hace un par de meses con el deséo cumplido de poner el pie en la sala otra vez antes de morir. Os muestro un par de fotos de como consiguieron bajarle. En la segunda foto se ve que Jon lleva un motorcillo para el ascenso.





Fijaos que cara de buena persona tiene.





Ya puestos os pongo una foto de Jon Arana entrando con escalas en el 58. Fijaos en el casco y la vestimenta de explorador que lleva, que para ser los 50' está muy bien. ¡Ah! no lleva arnes, lleva una cuerda de seguridad atada a la cintura.



Nos dimos cuenta que habían reequipado todo el descenso para poder bajar a Jon Arana, con lo que dejamos la taladradora, la cadena y los parbolts arriba.

Barbara no se iba a meter, así que pensamos la posiblilidad de que se bajase todo el material de instalación, pero como nos hacían falta las sacas y era inviable que se bajase las cosas en la mano, optamos por dejarlo todo junto a la boca y llevárnoslo nosotros al final. Quedamos en que Barbara compraría pan para la cena y algunos sobaos mientras nuestra incursión.

Dani se metió el primero montando una de las cuerdas de 65 y yo mismo -Pepe- iba detras con una de las de 100. La verdad es que al colgarte del primer anclaje te da un poco de "que si sí, que si no".










Despues de Dani, Pepe.



Fernando Vallecillos






Azahara



Y Alicia



Me junté con Dani en donde estaba la antigua cadena de descenso y que ahora tiene dos cadenas inoxidables con químicos que da gusto verlas. También han cambiado la tirada de acceso a la cadena y ahora te deja en una repisita que te da la vida. Las cadenas están una a cada lado del descenso y junto a ellas tres parabolts a cada lado que debieron utilizar para bajar a Jon Arana. Dani nos montó una triangular que no se la salta un gitano y con las dos cuerdas y el resplandor de los inoxidables daba una seguridad fuera de lo normal.

También comentamos que hay que echarle narices para bajar con escalas como hizo Jon Arana en los cincuenta.




Montamos las dos cuerdas de cien y nada, ¡al turrón!




A medida que bajas las paredes de los lados se van apartando de ti hasta un momento en que ya no las ves. Ese momento coincide con el momento en que sólo ves una cuerda que se pierde en la negrura por encima de ti, y otra cuerda que se pierde por debajo de ti. La sensación de suspensión en el vacío es inenarrable.




Siempre que se baja esa bóveda impone, pero esta vez que lo hacíamos por parejas mejora la calidad del descenso, porque vas hablando con tu compañero del tortón que hay a tus pies, de que si miras para abajo o mejor no, de que si me quema el stopper o no y todo eso, y finalmente se te pasa el cuarto de hora entre dimes y diretes. Como habeis visto en la foto, los primeros en bajar fuimos Fernando y yo, después nos siguieron Azahara y Alicia, y ya en solitario bajó Dani, que hablaba con los de abajo, si quería decir algo.

Ya con todo el mundo abajo comenzamos a caminar entre los gigantescos bloque se la sala "Jon Arana" de 300x500 para encontrar al final de ella la continuación hacia la Sala Aranzadi y el mal llamado "sifón terminal" -porque no hay ningún sifón-, que más bien es una coña colectiva sobre esta cueva. El tramo entre grandes bloque se iba "haciendo monótono", como diría Isidro Ortiz, hasta que sin dejar la línea de hitos y reflectantes llegamos a la entrada de la zona horizontal, en done la cueva disminuye drásticamente sus medidas. El acceso a esta zona se hace a través de un resalte en el que hay una cuerda con nudos que sirve de ayuda.




Paseamos un rato por allí disfrutando de las bonitas formaciones que decoran toda esa zona, con la idea clara de ver la Sala Aranzadi y el Sifón Terminal










Bajando pegado a la pared de la izquierda encuentras un desvío descendente, que con la ayuda también de una cuerda con nudos te lleva a la Sala Aranzadi.




Cuando encontramos la Sala Aranzadi, que era muy grande, más de lo que algunos pensaban, nos sentamos un rato a descansar, bebiendo un poco de agua y comiendo alguna barrita. Nos planteamos el echar un vistazo al sifón terminal y volvernos para arriba. En nuestro camino en busca del "sifón" encontramos un montón de formaciones preciosas.













Me sorprendió el ver una estalagmita gordísima, igual a la que en Cueva Fresca te indica que te has pasado la entrada hacia la Vira de la Araña.




Llegamos a lo que debía ser el final de la cueva y dimos media vuelta. Está todo el camino marcado con hitos y reflectantes, así que no hay ningún problema en encontrar el camino de vuelta. En unos cuarenta y cinco minutos nos plantamos a pie de cuerdas otra vez.

El año anterior habíamos subido cronometrando los tiempos de todo el mundo en la tirada de cien metros y Dani lo consiguió en 14 minutos, así que este año, sin ir tan a lo burro como el pasado, y siguiendo la táctica de cronometrar los ascensos, conseguimos estar todos arriba en poco más de una hora.

Durante el ascenso de la bóveda de la Sala Jon Arana ocurrió un suceso que puedo contar a modo de anécdota graciosa. Cuando estaba subiendo Dani y ya llevaba unos 15 metros subidos se oyó un descosido: ¡Raaaaasssssss! y Dani gritó ¡El arnes! Todos nos tensamos un poco, pero se lo tocó y miró y dijo que estaba bien. Fernando le animó a seguir subiendo, pero lógicamente le daba "no se qué" seguir haciendo una cronosubida teniendo descosido "no se qué". Por fin se dio cuenta de que era el mono que se le había rasgado a la altura del trasero. Ya sabiendo que no era nada grave subió a toda velocidad.

Salimos de la torca uno detrás de otro sin mayor problema y era todavía de día cuando comenzamos la marcha por la senda para abajo, y al llegar al coche ya era de noche. Bajamos a Rarero y allí nos esperaba Bárbara con el pan y los sobaos. Fuimos al bar del pueblo a tomar algo y hacer un poco de patria rural y con la misma nos fuimos al atrio de la iglesia del pueblo a hacer la chuletada.

Al día siguiente, con calma y después de que Fernando comprara por allí leche auténtica de vaca y queso, non volvimos a Guadalajara.

Antes de terminar esto, que ya empieza a ser un poco tostón, quiero colgar una foto de la primera vez que hicimos la Torca. La cuelgo para dejar constancia gráfica del foco cuadrangular de Quique, que gracias a Dios ya ha dado de baja. También podeis ver el primitivo sistema de transportar las sacas militares al hombro.






Documentación y topo de la Torca del Carlista en la zona de descargas de este foro.

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