Sima de Manuel Mozo (22-11-2010)

SIMA DE MANUEL MOZO


Teníamos ganas de salir a algún sitio para estrenar la rodilla de Jorge, recién operada, y ya que El Sumidero del Campo no era posible por las lluvias de los últimos días, laSima de Manuel Mozo era la ideal para quitarnos el mono y ver lo que la rodilla de Jorge daba de sí -que ya anticipo que ha resultado ser más de lo esperado-.

Salimos el domingo 21 de noviembre temprano de Guadalajara y nos plantamos en Villanueva de Alcorón a las nueve de la mañana y como el tiempo no acompañaba, no nos estuvimos mucho con el desayuno a base de queso, chorizo, jamón, vino de las cubas de Jorge y demás manjares que ya son preceptivos en este tipo de planes. Éramos, Alicia, Guille, Miguel Gonzalez, Jorge y el que os habla. El equipillo estaba en un plis-plas a pie de boca para comenzar la incursión, y no hizo falta preparar las sacas porque las traía todas preparadas Alicia. Con las cuerdas ya puestas en orden de instalación comenzamos con el P6 de entrada. Sería Guille el que la equipara hasta la cabecera del P40 con péndulo incluido. Guille ya se había ganado el master este verano, equipando los mil péndulos del Sumidero de Cellagua.



El P6 fue sencillo de instalar, y antes de que llegara a la base del pozo, ya tenía a Guille colgando del techo del P90. Mientras terminaba la Y fueron bajando los demás y contemplamos la bonita estampa del montaje de esa cabecera tan aérea.



















Tan pronto como terminó se marchó hacia las profundidades y el siguiente fui yo, que si digo la verdad no le veía la manera de colgarme del pasamanos, o para decir la verdad, de colgarme en el abismo. Se comentó de todo, que "Lo que has sido y en lo que te has quedado", "¡Cuanta penuria!" y lo demás lo podéis poner vosotros. En fin, terminé yo mismo riéndome con ellos, lo que complicó aún más el mover las líneas de vida por el pasamanos, pero por fin y entre risas me fui para abajo.

Miguel, Alicia y Jorge lo hicieron tan rápido que en un momento pude oírlos ya dentro del P90. Pasé los tres fraccionamientos que tiene el pozo y vi a Guille que ya estaba sobre la repisa de la ventana que da paso al P40. No tengo fotos de él porque mi cámara dejo misteriosamente de funcionar, pero él sí pudo tirarme unas cuantas en mi aterrizaje.











Los demás se presentaron en unos minutos y todos nos fuimos juntando en la repisa del péndulo.






Mientras iban llegando, Guille ya había pasado la grieta que separa los dos pozos y estaba montando la siguiente cabecera. Miguel Gonzalez pasó tras él y se colocó en la mini-repisilla de la cabecera del P40.



Sólo quedaba bajar el P40 para llegar al meandro.



Ya en la base del P40 sólo nos quedaba bajar el R4, que puede destreparse, pero que como veréis en las fotos, no compensa, es más, compensa bajarlo por la instalación que hay puesta.















Alicia bajó y se puso a explorar una abertura que encontró en la parte alta de la base del R4.






Pasamos la gatera que comunica la base del pozo con el meandro, y para ser honestos, también hubo allí algo de penuria. Es cortita y antes de que te quieras dar cuenta ya estás en el otro lado.
Desde allí salen dos caminos, el de la izquierda, que no cogimos y que te lleva meandro arriba y el de la derecha que es un poco más amplio y te lleva al curso activo.
La primer zona de este meandro se hace en oposición por la parte alta ya que la parte baja tiene unas estrecheces que hacen penosa la progresión.



El tramo en oposición termina en una salita que parece una capilla natural. No sé si tiene nombre, pero si no es así se lo pondríamos.



Pasada la capillita, el meandro aumenta la pendiente levemente y te deja bajar al suelo.



A los veinte metros el meandro termina sobre la cabecera de un P6, cuya base está cortada por el Meandro de la Élite. Comenzamos a bajar el pozo con intención de meternos en el meandro, que en ninguna de las incursiones anteriores habíamos visitado.






El Meandro de la Élite es infranqueable desde la base del P6 pues, tanto aguas arriba como aguas abajo, es tan estrecho que lo hace infranqueable. No obstante, el meandro aguas abajo es penetrable en su comienzo por la parte alta, lo que te obliga a comenzar con una trepada un poco expuesta, no cuando subes sino cuando bajas –de hecho al bajar se me rompió un agarre y me di la torta padre-.



Ya en el Meandro de la Élite había dos opiniones, la de Jorge de tirar para adelante como fuera y cueste lo que cueste y la mía de quedarnos allí a comer un poco y ver el paisaje. Al final, como siempre, triunfó la propuesta mixta: unos se iban hasta en final del meandro y otros nos quedábamos allí a echar un pitillín.









Al ver las fotos uno saca una idea errónea de quien se quedó y quien siguió, pues bien, Jorge, con su menisco recién operado, Guille y Alicia siguieron y Miguel y yo nos quedamos.

Cuando dieron fin al meandro, no sin esfuerzo, volvimos todos por nuestros pasos. En el meandro vimos un infrecuente número de murciélagos, que cuidamos muy mucho no despertar.




Cuando llegamos a la repisa entre pozos tuvimos un poco de fiesta con el péndulo. Guille en concreto se tiro tres veces para ver si daba en la pared de enfrente, como hizo Dani en su día. Jorge que era el encargado de desmontarlo iba dando paso a la gente desde un pozo al otro.



Mientras subía el P90 oía el cachondeo que se traían con el péndulo, risas y alboroto que retumbaba por todo el pozo. Después fueron todos saliendo uno detrás de otro con dirección a la Y de salida.



Cuando nos vimos todos en la calle, organizamos nuevamente el preceptivo festín y de allí directos a Guadalajara.
Menos mal que llevábamos el 4x4 de Jorge, porque cualquier otro coche se hubiera quedado allí pillado en los cenagueros.




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