Sima de la Cierva (10-01-2010)

Sima de la Cierva.
Al parecer este plan se fletó para que el pobre Ángel, que se quedó fuera del plan de Tibia-Fresca, por su guardia del día uno, pudiera quitarse un poco de mono de cuevas. Así pintaba todo de bonito. En un principio éramos ocho pero, como suele suceder, dos se vinieron abajo. Esteban tenía guardia y no se había acordado y Ángel –el origen y fin del plan- decidió irse desde Molina a Azuqueca por la nevada del día anterior y lo amenazante del tiempo. Total, que allí nos plantamos todos los que ya no teníamos mono de cuevas con Azahara y Jorge.


Quedamos en Cuatro Caminos, donde siempre, a las 7 de la mañana con un poco de canguelo porque amenazaba una nevada buena. Y con toda la logística hecha allí nos vimos. Salimos en la Bala y en el coche de Guille. Era todavía de noche cuando salimos y el frio era fortísimo. En el coche de Guille hicieron una foto con un móvil al termómetro para que quedara constancia de la temperatura del exterior





Pasado Salmerón empezó a haber un poco de nieve en la carretera, pero nada alarmante, así que el tono festivo seguía en ambos coches. Al pasar por Villanueva de Alcorón vimos el pedazo de nevazo que tenían las calles del pueblo y era realmente sobrecogedor. Seguimos un poco más y llegamos a la salida de la pista que lleva hasta las proximidades de la Cierva, la pista del puente. Era absolutamente imposible haber seguido en coche por la pista como veréis en las fotos. Jorge decía que con su 4x4 podríamos haber llegado hasta la boca –lo tenía en ese momento roto-, pero yo os aseguro que no hubiéramos llegado ni en un tanque.




Al principio íbamos en grupillo hablando, pero al final nos dimos cuenta que lo más cómodo era ir en fila india pisando las huellas del de alante.





En una hora de gratísimo paseo y con la inestimable ayuda del GPS llegamos a la boca de La Cierva. Tenía huellas de ciervo por los alrededores y llegamos a pensar que sería posible que se hubiera caido un ciervo o un corzo al primer pozo.

Mientras la gente se iba quitando el abrigo y demás Guille empezo a equipar el primer pozo. Yo le estaba mirando y teníamos los dos un frío de narices. Fue pararnos y congelarnos. Le metía al Guille todo la prisa que poidía pero cada cosa requiere su tiempo.


Fue pasando todo el mundo y me quedé para el final, es decir, me quedé como un témpano. Bajé detrás de Azahara y cuando lleuge a la base del pozo no podía mover los dedos. Que dolor más inhumano. Sali de allí tan pronto como pude y crucé la gatera que te abre al resto de la sima. Nada más cruzar se notaba un cambio de temperatura de mas de veinte grados (de -15º a 5º ó 6º)Estaba Alicia sentada esperando en el pasamanos sobre el P30 y me senté también allí hasta que empecé a sentir los dedos. Azahara me dijo que a ella le había pasado lo mismo.

Dani, Guille y Jorge ya habían cruzado el Pasamanos.



Bajamos el pozo de la estrechez que en su final se abria un poco



y da a una salita de la que sale un meandro.



El comienzo del meandro es un poco gateroso y desemboca en la cabecera del P17 que estaba perfectamente equipado. Guille comenzó a bajar y se salto un fraccionamiento, con lo que tuvo que volver a subir un poco para rehacerlo.



Bajó de nuevo y ¡Han quitado los anclajes! Bajé yo tambien a echar un vistazo y me di cuenta que era cierto. Algún desalmado se ha llevado las chapas y las tuercas.









Guille encontró un spit alternativo al parabolt de la repisa que hay entre el P17 y el P52. Estaba puesto en una colada hueca por debajo. Daba yu-yu el descolgarse desde allí.



En la cabecera del P52 había un spit en buen estado, así que guille lo montó desde alli.







Aún un par de fraccionamientos más y en la base. Allí nos reunimos todos.






Despues de descansar un poquito comenzamos la marcha hacia arriba. Jorge se encargó de desmontar y Dani se quedó con él para transportar la saca con la cuerda de de 100.



El pozo de 52 y el siguiente no dieron ningún problema. Jorge iba más deprisa desquipando que yo mismo subiendo.
Nos reunimos los tres -Jorge, Dani y yo- en la salita previa al pozo de la estrechez y Dani se cogio el cerdo de 100 para subirlo. Arriba nos comento que el cerdo gruñía mucho por la estrechez, pero con decisión y brazo fuerte consiguió arrastrar al cerdo hasta arriba.






Siguieron los gruñidos del cerdo hasta arriba, pero Dani no le dio descanso. Jorge siguió desequipando a toda velocidad hasta la salida.



Fuimos saliendo de uno en uno con inestimable ayuda de Guille, temiendo un poco el dolor de dedos. Nada más vernos en la calle nos pusimos los abrigos, los guantes gordos y nos pusimos en camino.






Al llegar al coche comimos un montón de cosas buenas que había sacado Alicia de debajo de la chistera y nos bebimos un poco de café que seguía calentito. ¡Ah! la cerveza estaba del tiempo, es decir, a punto de helarse. Cuando terminamos el ágape nos pusimos de camino, sil olvidar que ya cuando llegamos comenzó a caer la nevada del año. Menos mal que ya habíamos salido de la zona comanche.




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