Cuivo - Mortero de Astrana (23-07-2011)

CUIVO - MORTERO DE ASTRANA





Guillermo Reguilón

Después del aperitivo de Crucero-Calaca se nos añadieron Dani y Azahara con un mono de sima de escándalo.


Así que sin perder mucho el tiempo nos echamos al monte a tiro hecho hacia la sima del Cuivo, que habíamos localizado la tarde anterior. Decidimos dividirnos en dos grupos con una hora entre uno y otro para la travesía. En el primero Fernando, Julio, Quique y yo. En el segundo Dani, Alicia y Azahara. Aunque la tarde anterior habíamos visto que el Mortero tenía tres cuerdas instaladas Dani decidió acercarse a echar un ojo, y al ver que habían retirado una decidió acercarse al coche y montar una de las nuestras en la subida que hay equipada justo por el centro de la sima.
Mientras tanto nosotros ya estábamos equipándonos justo al pie de la boca. Decidimos entrar con el neopreno puesto y el mono por encima. Resultó ser una buena decisión como veréis.





Julio y Quique entrando al turrón


Nada más bajar el primer pozo encontramos la base con abundantes tritones y nos dedicamos a seguir el cauce del río en una galería sin posibilidad de pérdida y bastante cómoda, salvo un par de resaltes equipados en fijo.





Los primeros pasos son por una galería que hace disfrutar con toda clase de oposiciones y pasos estrecho.





Resalte de 3m equipado en fijo


Un poco más adelante encontramos un punto con una colada espectacular y encontramos que el techo baja bruscamente y obliga a arrastrase por una gatera amplia de suelo inundado. Hasta aquí una hora desde la entrada.



Colada antes del paso de suelo inundado, gracias Fernando por la luz de tu casco.


Nada mas acabar de hacer la croqueta en el agua salimos a un pasamanos en fijo que protege el acceso a la cabecera del P7 que baja a la Sala de la colada.



Pasamanos antes de la sala de la colada


Esta es una sala sorprendente por las abundantes formaciones y porque aquí empieza el meandro del caramelo. La zona más disfrutona de la travesía.
Progresamos a lo largo del meandro del caramelo disfrutando de los saltos entre las marmitas y chapoteando en el agua como chavales. La única pega es la gran humedad, que podéis ver presente en todas las fotos de esta parte de la travesía.







Meandro del caramelo: impagable


Sin más pegas llegamos al rapel de 8m que nos deja en la sala de la Pérdida, que realmente no tiene ninguna; basta seguir el curso de agua para encontrar la entrada al meandro que da acceso al meandro SPA.





P8 antes de la sala de la pérdida


Este tramo es inicialmente entre marmitas, hasta que a mano derecha y en su parte más alta encontramos el acceso al meandro SPA.
Aquí el agua desaparece casi por completo para quedar sustituida por el más divertido y pringoso de los barros.





Asi entramos


Nos encontramos dos pequeños pozos equipados en fijo con cuerdas completamente embarradas, y una de ellas con un nudo en medio. Casi al final del recorrido se debe tomar un ramal que aparece a la izquierda y otra vez en alto.

Pues bien, ibamos tan encelados en seguir chapoteando en el barro que nos lo pasamos y no nos dimos cuenta hasta que vimos que teníamos delante un sifón de barro pringoso. El retroceder hasta el ramal correcto fueron apenas quince minutos, pero remontar cualquier cosa cuesta arriba con todo ese barrazo y hundido hasta las rodillas fue agotador.





Asi salimos


Enseguida llegamos a la sala de la lavadora, que se supone se llama así porque la cascada y la marmita que tiene permiten lavarse y abandonar el color marrón colacao. Solo os puedo decir que hoy aún me queda barro en los bolsillos del mono.
Visto lo inútil de intentar lavarnos tras chapotear un poco en la lavadora, nos metimos por el meandro de Falopio. Esta simpática diaclasa puso a prueba nuestra imaginación durante más de media hora. Fernando sobre todo disfrutó cambiando constantemente de altura para encontrar el paso menos estrecho. Tiene algunos puntos memorables como el estrechamiento en que te encajas completamente para ir dejándote caer como puedas, hasta que la roca te suelta para caer en una marmita un metro por debajo.
Enseguida llegamos a la colada que da acceso a la sala del roscón. Aquí Fernando bajó por la cuerda de 4m que hay en fijo. En cuanto vio que la caída al agua era limpia nos lo dijo y el resto le seguimos por el tobogán natural que nos ofrecía la travesía.

Avanzamos por la sala del Roscón, y mientras Fernando y Julio superaban el R4 que hay en esta sala a Quique y a mi nos sorprendió ver como el caudal de agua aumentó bruscamente en apenas cinco minutos. No subió el nivel del agua ni nada parecido, pero el ruido creció una burrada. Al acabar la travesía el otro grupo nos pudo confirmar que llevaba lloviendo desde el mediodía. Visto que no era mayor problema y que tan sólo teníamos que hablar un poco más alto, seguimos avanzando y enseguida encontramos la cabecera del P17 que lleva al Desfiladero del Arco.
Este pozo es realmente espectacular, ya que se baja justo debajo de una cascada de agua, que te empapa completamente y hace imposible hablar con nadie. En la base de este pozo tuvimos bastantes problemas para recuperar la cuerda. Llegamos incluso a colgarnos tres de nosotros del puño hasta que conseguimos que empezara a correr para recobrarla. Al final lo conseguimos y avanzamos por el pasamanos hasta el siguiente P10.
Si este pozo es impresionante el que nos esperaba es aún mejor. 35m del tirón en un pozo gigante. Fue simplemente espectacular ver bajar a Quique y a Julio desde la base del pozo. Es enorme y es precisamente su amplitud la que permite ver las dimensiones del mismo, y lo pequeñitos que resultamos al bajar.





Fernando y Julio en la cabecera del P35



Eso que se ve entre la niebla somos nosotros en la base del P35


Desde aquí seguimos bajando el resto de pozos para caer en la marmita que hay en la sala del arco.
Otra vez resulta sorprendente el tamaño del arco que atraviesa completamente la sala, y la enorme colada de más de 90m por donde se hacía la travesía hace años.
Aquí nos costó un poco de trabajo encontrar la cuerda que baja entre bloques para dejarnos en el río. Sin embargo no tiene más complicación que ponerse mirando al arco desde el punto donde se acaba el rapel, girar a la izquierda y seguir el agua.
Aquí la travesía vuelve a cambiar y nos metimos por un cañón de alturas impresionantes, pero bastante estrecho (apenas 1m en muchos tramos) recorrido por el río en todo momento. Avanzamos con rapidez para llegar enseguida a la confluencia con el río Leolorna. Justo antes de la unión hay varias marmitas y fue aquí donde Alicia tuvo el resbalón del que hablaremos más adelante.
Una vez en el terreno conocido del río Leolorna avanzamos a toda pastilla hasta las rampas que suben al mortero. Y desde aquí directos a la calle. Al salir pudimos ver el mortero a plena luz del día; una novedad para todos nosotros, acostumbrados a salir siempre por el mortero a las tantas de la noche.
Nos encontramos todas las cuerdas de salida instaladas, pero optamos por no usar la instalación más antigua que sube por las rampas para evitar bloques inestables por los derrumbes que habíamos leído que se produjeron en el último año.
La instalación por el centro del mortero nos dejó imágenes impagables de Quique y Julio suspendidos en el más absoluto de los vacíos, y como muestra un botón.





Quique “tocando el vacío”


Y aquí viene el pequeño mal rato de la expedición. El segundo grupo, formado por Dani Alicia y Azahara se supone que había entrado una hora después que nosotros. Bien, cuando llevábamos tres horas esperando a que salieran (ya nos habíamos cambiado, comido, recogido el material…) empezó a anochecer.
En este momento empezamos a “tensarnos un poco”. Julio se fue con Quique, ya que Quique tenía que coger un avión el lunes por la mañana. Mientras Fernando y yo empezamos a darle vueltas a "por donde entramos", "que hacemos", … Tras darle varias vueltas optamos por darles de plazo hasta las dos de la madrugada (seis horas despues de nuestra salida) y si a esa hora no teníamos noticias avisar al 112, dejarles una nota en su coche y meternos a hacer de nuevo la travesía hasta encontrarnos con ellos.
Tras preparar el equipo nos echamos a dormir un par de horas, o al menos a intentarlo, ya que luego nos confesamos mutuamente que ninguno pegamos ojo.
A la una nos sorprendió un coche que aparcaba junto a la ermita de Astrana, donde estábamos instalados. Eran Dani, Azahar y Alicia con un esguince y una sonrisa de oreja a oreja: ¡hola, me he hecho un esguince! Fueron sus primeras palabras, y empezó a reirse.
Algo más tranquilos nos gestionamos un plato de macarrones mientras nos contaron sus aventuras. Entraron más tarde de las 12 porque tuvieron que montar una cuerda de salida en el Mortero, y eso les llevó bastante tiempo. Además en las marmitas que hay justo antes de la unión del río Cubieja y el Leolorna, a Alicia se le quedó un pie enganchado dentro de un agujero y se hizo un esguince. Desde ese punto a la salida, un trayecto de unas dos horas pasó a ser de cinco. Al final un simple susto.

Guillermo Reguilón





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