Cueva del Tornero (7-02-2010)



Cueva del Tornero



El 7 de febrero salimos de Guadalajara Guille, Alicia, Azahara, Dani y Pepe para Checa. Al pasar por Molina recogimos a Ángel, nos tomamos un café y salimos para la cueva.
Llevábamos las coordenadas GPS para el acceso, pero no hubo que usarlas porque Ángel y los diversos carteles nos llevaron hasta el mirador en donde sale la senda que va en un zig-zag hasta la boca. El zig-zag baja el barranco que lleva al río junto al que está la cueva. Tardamos en bajar unos 45 minútos.



Decidimos cambiarnos de ropa en la misma boca y tras unos minutos de descanso pasamos dentro con la seguridad de que estaría de agua hasta arriba.











Pasamos el atrio de entrada y el laminador inicial.









Allí se abre la galería principal que es amplia y cómoda.






En cinco minutos dejamos a nuestra izquierda el sector B que se ciega en unos cinco minutos y continuamos hasta el cruce con la galería que te lleva por la derecha hasta el sifón Maricarmen -sector C-. Decidimos bajar a echar un vistazo y en unos pocos minutos llegamos hasta el sifón que estaba unos treinta metros mas alto de lo normal. En verano puede verse desde el sifón el resplandor de la luz de la calle, pero evidentemente ahora no se veía nada.










Volvimos a la galería principal y desde allí continuamos hasta llegar al cruce con el sector D que es el que te lleva a la galería de la Virgen y y a la conexión con la galería norte -D5-. Nada más pasar oímos al río rugir de manera inusual.



Dimos un par de vueltas por el enrejado de galerías de ese sector hasta llegar al cruce con la largísima galería norte que estaba sifonada desde su mismo acceso, es más, el sifón vertía agua hacia la galería de la Virgen. Era tambíén sorprendente un brutal sumidero que se engullía un torrente de agua a no más de cinco metros del D5.


Continuando por la galería de la Virgen llegamos otra vez al sector principal bajando un pequeño resalte. Ya en la galería principal seguimos nuestro recorrido con dirección al sifón terminal, pero no pudimos continuar mucho porque unos diez metros más alante la galería al completo se convertía en un lago que iba cogiendo paulatinamente profundidad hasta sifonarla por completo.

Desde el comienzo del lago no se veía el punto en el que se sifonaba completamente la galería, así que Guillermo se puso el traje de neopreno para conseguir el dato. Dani le acompañó con un vadeador para sacar algunas fotos.








Una vez visto que el lago sifonaba a los 75/100 metros nos volvimos por la galería principal hasta la boca. En la boca unos minutos de descanso y pateo hacia el mirador. Todo en cuesta. El pobre Ángel llevaba la saca grande y llegó doblado.

Ya junto a los coches comimos un poco y camino a casa.


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